Domingo 18 de Enero de 2009
The Fleet Foxes El grupo revelación del 2008:
Los jóvenes zorros del folk estadounidense
Son cinco veinteañeros de barbas largas y camisas a cuadros. Viven en la cuna del grunge (Seattle), pero prefieren retomar el folk de Bob Dylan y combinarlo con voces a lo Beach Boys. Su disco debut, aplaudido en Estados Unidos y en Inglaterra, fue elegido un imprescindible del 2008.
Antonio Díaz Oliva
Todo comenzó en el laboratorio de ciencias. Ahí, en los recreos y a la hora de almuerzo, Robin Pecknold y Skyler Skjelset forjaron una amistad cimentada en la música. La razón de que prefirieran estar entres tubos de ensayo antes que en el patio, era simple: "el laboratorio tenía el mejor equipo en todo el colegio", ha recordado Pecknold. "Nos sentábamos alrededor y escuchábamos a Neil Young y a Bob Dylan".
Mientras en las horas de clases en aquella sala se exprimentaba con fórmulas científicas, en los recreos estos dos tímidos colegiales buscaban empaparse de las fórmulas musicales de los maestros del folk norteamericano.
Un par de años más tarde, el 2006, Pecknold (cantante) y Skjelset (guitarra) ya tenían una banda donde experimentar con lo aprendido en las jornadas del laboratorio: The Fleet Foxes ("la patrulla de zorros"). Se les unieron Joshua Tillman en las baquetas y los multinstrumentistas Casey Wescott y Christian Wargo. Recorrieron los circuitos de su natal Seattle y consiguieron la atención de la prensa local.
El resto fue el típico ascenso de una banda en la era musical de internet: en junio de 2008 lanzaron un laureado ep ("Sun Gigant"); cuatro meses después, un aún más elogiado larga duración ("Fleet Foxes") y, semanas más tarde, el boca a boca de los blogs y páginas independientes musicales hizo efecto.
Fama musical 2.0
"Hasta hace unos meses, jamás había sido entrevistado", dijo -algo asombrado- Pecknold cuando la prensa británica se acercó en masa en su gira por el Reino Unido. Tanto estadounidenses como británicos los han elogiado; la revista Rolling Stone le puso 4 de 5 estrellas a su álbum; The Guardian, en los mejores discos del 2008; y el diario The Independent lo resumió de la siguiente manera: "Seis meses atrás, The Fleet Foxes eran simplemente otra banda que aspiraba a moverse tranquilamente en MySpace. Ahora, son un indispensable del 2008".
Aunque, en plena época iTunes, tan rápido como uno consigue atención es muy probable desaparecer del mapa musical con la misma velocidad. Algo que Pecknold, el líder y compositor de la banda, tiene claro: "De la manera en que la música está diseminada estos días uno puede escribir una canción, ponerla online, y semanas más tarde todos escriben acerca de ti (...). Así que desconfiar es la única reacción sana".
Neo Folkies
Levemente vinculados con bandas como The Arcade Fire o Belle and Sebastian, los Fleet Foxes basan su música en un folk-pop orquestado, donde los juegos de voces y los instrumentos no convencionales predominan. "Creo que nos parecemos bastante más en nuestro estilo vocal a los Beach Boys. Como ellos, hay un compositor y cantante principal, y el resto estamos detrás para apoyarle", explicó hace poco el baterista Joshua Tillman.
La otra herencia en su sonido -y bastante explícita- es la de Dylan. "Fue la puerta hacia todo. Él era tan joven cuando lanzó The Freewheelin'", confesó a la prensa Pecknold. Y luego mencionó a su otro gran referente: "Brian Wilson tenía apenas 23 años cuando grabó Pet Sounds, lo cual es perturbador. Por eso me di cuenta de que debía empezar joven".
Por eso, tempranamente, tanto Pecknold como Skjelset (el núcleo del grupo) se dedicaron a desempolvar las colecciones de vinilos de sus progenitores. "Crecimos escuchando la música de nuestros padres, Simon & Garfunkel, The Zombies, Joni Mitchell, Crosby Stills & Nash...", comenta el mismo Pecknold en la página web de SubPop. Aquel sello independiente -que editó a Nirvana y Soundgarden en sus comienzos- los tiene en su catálogo desde el 2008.
Ni hippies ni grunges
Desde "hippies rurales" hasta "neo-hippies" han sido algunos de los epítetos que le han colgado a este quinteto. Lo cierto es que -por lo menos en su estética- más que deudores de la revolución de las flores, los Fleet Foxes parecen leñadores escandinavos. De hecho, Pecknold y Skjelset son descendientes de noruegos que se instalaron en el frío estado de Washington.
Tanto ellos como el resto de la banda usan pelo largo, grandes barbas y camisas leñadoras (similares a las que se popularizaron en los 90), pero están lejos del espíritu del grunge que alguna vez caracterizó aquel movimiento. Porque mientras, por ejemplo, Kurt Cobain parecía cantarle a un crudo invierno de nunca acabar, los Fleet Foxes crearon himnos para escuchar cuando los primeros rayos primaverales derriten la nieve.
Cosa de echarle una escuchada a los once temas que integran su debut homónimo. Desde la apertura del disco, en que Pecknold canta sobre el amanecer en un bosque y las ardillas pasearse ("Sun it rises"), pasando por un batallón militar de la Guerra de Independencia norteamericana que camina por un sendero nevado (el primer sencillo "White winter hymnal"), para desembocar en "Blue ridge mountains" donde se alaba el paisaje boreal en la misma tradición de un Jack London o Henry David Thoreau: "Y el río se congeló/Y la casa se llenó de nieve/Y la luna amarilla brilló/ hasta la luz matutina".
Cuando este artículo esté disponible, los Fleet Foxes ya habrán tocado en Saturday Night Live (edición sábado 17 de enero). El famoso programa estadounidense posee fama de ser una buena vitrina para muchas bandas en ciernes. Y, seguramente, el video de aquella presentación se ganará una gran cantidad de clics a lo largo de la web. Será, en definitiva, otro empujón más para que los Fleet Foxes continúen en su ascendente carrera musical.
"Fleet Foxes"
SubPop Records
2008
$10.49 dólares + envío (Amazon)
Lo que dijo la prensa...
Rolling Stone: "Las once canciones son mayoritariamente pastorales; el sol sale, la nieve cae, la primavera llega, los pájaros vuelan (...). Sus temas están rellenos de riqueza, melodías arremolinadas; hinchadas nubes de órganos, ritmos de batería, campanas y variados instrumentos de cuerda encubiertos con voces grupales".
The Guardian: "Uno de esos discos que suena como llegado, y enteramente armado, de otro planeta. (...) este es el sonido de un bosque por la noche, música hecha por personas tan viejas como las colinas por las que pasan. Lo inverosímil, es que [los miembros del grupo] están en sus 20 y viven en Seattle".
Pitchfork Media: "Más que revivir cierta escena musical o recrear un sonido perdido, el quinteto de Seattle toma ideas de una gama de estilos (...) para crear una personal síntesis de la música de sus coetáneos, padres e incluso abuelos. (...) [su sonido] está sorprendentemente lleno y amplio de posibilidades, casi tanto como la pintura de Brueghel que ilustra la portada del disco".
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